11. Manierismo palatino y eclesial en España (1550-1650)



Aunque son numerosos los artistas españoles que viajaron a Italia para conocer el arte renacido (Machuca, Covarrubias, Berruguete, Bautista de Toledo, Herrera), el estilo clásico penetró lentamente en la Península y, salvo raras excepciones (Palacio Real de Granada, 1525, inacabado), siempre fue "desitalianizado". 
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Primero, se mezcló la decoración grecolatina con el gusto flamígero por los ornamentos diminutos y surgió el estilo plateresco. Este estilo representa un estadio intermedio entre el gótico y el clásico del renacimiento, y resulta el principal en algunos centros turísticos españoles como Salamanca y Úbeda, poblaciones ricas en edificios de profusa decoración. Por desgracia, aunque abundan las fachadas con decoración plateresca, resultan más difícil encontrar interiores o o muebles fácilmente adscribibles a este estilo.
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Armario decorado por Gregorio Pardo con 
motivos arquitectónicos (pilastras, capiteles) y grutescos 
en talla diminuta: estilo plateresco. Catedral de Toledo.
Luego, en la segunda mitad del siglo XVI, bajo el gobierno de Felipe II, el gusto gótico quedará superado, y el rey impondrá su personalidad artística. Él mismo un gran diletante y aficionado al diseño, se rodeará de una amplia cohorte de artífices flamencos y españoles a fin de transformar el aspecto de sus palacios y jardines. Dicen que estos últimos eran magníficos y sensuales en extremo, pero se han perdido, dato que llama nuestra atención porque acostumbramos a pensar en Felipe II vestido de negro y habitando austeras y monacales habitaciones. Casi todo el interiorismo se ha perdido, así como buena parte de los muebles, pero permanece un testimonio monumental: el palacio-monasterio de El Escorial, de modo que hoy el callado estilo filipino recibe nombres como estilo escurialense o estilo herreriano. El estilo herreriano es un estilo manierista. Tan exagerado como el italiano, aquel por desmesura y capricho, este por una contención tan exagerada que los objetos parecen destinados no ya a ciudadanos vivos sino a monjes que han renunciado al mundo.  
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1. Interiorismo herreriano

El año 1567 fue decisivo: Juan de Herrera continúa la fábrica del Monasterio de San Lorenzo que había iniciado Juan Bautista de Toledo. Conecta fácilmente con el monarca Felipe II y diseña para él no solo la arquitectura del imponente palacio, sino también algunos muebles y la biblioteca, conjunto sin igual en aquella época. La reciedumbre y la austeridad de la arquitectura herreriana se traducen al mobiliario como volumetría compacta y escueta ornamentación rectilínea. Veremos cómo la concepción monástica del palacio real influye incluso en la denominación de los muebles.

(1) Los sillones fraileros repiten la estructuras de los sillones europeos salvo por las zapatas que agarran los apoyos de las patas.
(2) Las mesas de refectorio. Amplias mesas de comedor, cuyo faldón se aprovecha para incrustar cajones, y sostenidas por patas en forma de columna.
(3) Los bancos, tipología de pocos equivalentes en el resto de Europa, asiento multipersonal de líneas muy austeras, difícilmente asimilable al futuro canapé.
(4) Los escritorios o bargueños. Los más típicos exhiben taraceas geométricas al gusto mudéjar. 
 
Habitaciones de Felipe II en el Palacio Monasterio de San Lorenzo, El Escorial. 
Ni trampantojos, ni estucos, el monarca no admitía la decoración clásica en sus habitaciones, espartanas como las de un convento. Los azulejos del zócalo provienen de la 
herencia andalusí y persisten en España y Portugal.

Techo decorado con livianos grutescos, imitación de aquellos de la Domus 
Áurea que imitara Giovanni da Udine. Monasterio de San Lorenzo.

La mano de Herrera se aprecia fácilmente en estos muebles de decoración exclusivamente geométrica gracias al uso exclusivo de orden toscano. Monasterio de San Lorenzo.

Mesa de refectorio con patas abalaustradas 
y faldón con tallas planas.

Bargueño de pie de puente en 
Madrid, Lázaro Galdiano.




Armario con cartuchos o cueros.


Sillón frailero que perteneció 
al arzobispo Sandoval y Rojas, d
ecorado con chambrana de entrelazo.

Bancos sostenidos por patas y fiadores,
 respaldos y asientos de cuero.
Madrid, Museo Arqueológico Nacional.


Mesa sobre apoyos semejantes a columnas.













































































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2. Interiorismo eclesiástico
Bajo los Austrias menores (los reyes del siglo XVII: Felipe III, Felipe IV y Carlos II) España se aísla de Europa temerosa de "contraer la herejía luterana", y sólo unos pocos y muy privilegiados artistas -el caso de Velázquez- obtienen licencia para abandonar temporalmente nuestras fronteras, viejar a Italia, y aproximar así su trabajo al de los principales artífices europeos. España crea, bajo estas condiciones de exclusión artística, un arte muy original, sin correspondencias europeas, y de inmensa trascendencia en las colonias latinoamericanas.
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El templo congregacional     Ya lo vimos en el capítulo anterior: la basílica de ancha nave central ingresa en el repertorio templario español y desde España se exporta a América Latina, campo muy fértil. En Madrid, por ejemplo, tenemos San Isidro, antigua catedral. En Hispanoamérica, casi todas las iglesias de la Compañía de Jesús repiten con fidelidad el modelo del Gesú.
San Antonio de los Alemanes, Madrid
 
El templo de planta circular u ovalada     En el contexto del Renacimiento la planta central fue considerada en numerosas ocasiones, pues conectaba con el templo martiriológico paleocristiano. Son numerosas las capillas y pequeñas iglesias de planta circular u ovalada en España. Traemos dos de las madrileñas. La primera, acaso obra de Juan Gómez de Mora y sita en Alcalá, el templito conventual de las Bernardas se asemeja a una plaza pública e incluso incorpora balcones en el primer piso.
Interior del templo del monasterio de Las Bernardas 
Fotografía de Carlos Alonso. (Alcalá de Henares). 

La segunda, hundida en la Corredera Baja de San Pablo dentro de la capital y consagrada a San Antonio de los Alemanes, exhibe un trampantojo continuo desde el suelo hasta la base de la linterna, procedimiento netamente italiano sin precedentes en nuestro país. La obra arquitectónica se debe a Pedro Sánchez. Ambas representan los primeros ejemplos de la tipología central eclesiástica en nuestro país, más numerosa de lo que se cree, pero apenas conocida porque casi siempre se trata de oratorios vinculados a fundaciones monásticas.
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¿Barroco como delirio decorativo?     Los andaluces tienen derecho a concebir el estilo barroco principalmente como complejidad decorativa, pues en su región, durante los siglos XVII y XVIII, los interiores eclesiásticos recibieron complejísimos revestimientos. En el debe,  el valor arquitectónico de estas iglesias es de común limitado: plantas convencionales, basilicales de congregación, e incluso meros espacios prismáticos dichos "iglesias de cajón".
El primer interior que ilustranos, Santa María la Blanca de Sevilla, se debe a la imaginación de los hermanos Pedro y Miguel de Borja, y fue erigida entre los años 1662 y 1665. Traemos también un ejemplo mexicano de este proceder: Santa María Tonantzintla, en Puebla.
Santa María la Blanca de Sevilla.



Santa Matía Tonantzintla, Puebla.