8. Introducción al Clasicismo moderno

En 1425 el clasicismo grecorromano regresa para convertirse en la cultura artística identificativa de Occidente: cinco siglos de evolución lo refrendan. ¿Por qué el clasicismo? ¿Qué avala a la decoración clásica frente a otras? Absolutamente nada. Nos falta una explicación, como confiesa John Summerson en El lenguaje clásico de la arquitectura. Sólo podemos conocer los efectos de una preferencia estilística renacida en Italia a principios del siglo XV como revitalización de un arte regional, que se convirtió, nadie sabe por qué, en universal para Occidente. En todo caso, una convención artística injustificada, casi un secreto compartido por todos los habitantes de Occidente durante quinientos años. 
Mucho tiempo, muchos lugares, defendido y reinterpretado por innumerables artistas, el clasicismo se muestra escurridizo cuando tratamos de sistematizarlo en fases, pues no evoluciona siguiendo una línea única y clara sino dibujando una ramificación arborescente. Ante un panorama tan vasto y polimorfo, se impone una estructuración introductora que separe las fases esenciales del estilo y adjunte algunas de esas ramas indómitas o sub-estilos. Después de cada fase señalamos los capítulos donde pueden encontrarse ampliaciones.


FASES ESTILÍSTICAS DEL CLASICISMO MODERNO (1425-1825)
Fase italiana o renacentista estilo renacentista (1425-1525).
Se puede denominar a esta fase italiana porque el renacimiento grecolatino se produce en Italia y no alcanza verdadera trascendencia fuera de sus fronteras hasta mediados del siglo XVI. 
El diseño busca la claridad compositiva en pos de la comprensión racional: la modularidad y la armonía son ahora principios intocables. Los artistas son como profesores que quisieran enseñarnos el cabal proceso de su trabajo.
La perspectiva es una herramienta fascinante para el
disdeñador de interiores con talento.
Orden toscano y trampantojo tridimensional en esta galería
del Palacio Spada (Roma), ingenio de Borromini, siglo XVII.
Se une el gran invento de Brunelleschi: la perspectiva cónica, un procedimiento que mejora la ilusión de espacio como nunca antes se había logrado. Este instrumento se vuelve precioso para todos los diseñadores, sean pintores o decoradores, porque invita a elaborar convincentes espacios de trampantojo. Un diseñador italiano será desde entonces un maestro de la perspectiva. Nótese cómo se diseñan la mayoría de imágenes en el siglo XV: primero se concreta un espacio perspectivo y después se le introducen las  figuras protagonistas. En buena lógica, esta práctica convierte a todos los pintores en interioristas.
El mueble se parece al gótico todavía en la volumetría contundente, prismática, de sus tipologías, pero elimina las tracerías y se decora con figuras geométricas o motivos figurativos pintados o taraceados. En efecto, la marquetería figurativa naturalista empieza a distinguir al mueble italiano. Pararán años antes de que sea imitada en otras potencias. 

Almohadillado esquizofrénico y juguetón vistiendo el patio
del palacio Pitti (Florencia), según diseño de Ammanati (siglo XVI).
Fase manierista   estilo manierista (Italia, 1525-1625; Europa, hasta 1675). La primera fase de clasicismo internacional se prolonga en Francia, Inglaterra y España hasta 1650 e incluso más allá, y se caracteriza por la experimentación con el acervo decorativo grecolatino con resultados diversos dependiendo de cada país y de cada artista.
No obstante, sí puede hablarse de un gusto o estilo manierista claro, particularmente en decoración arquitectónica: los adornos adquieren ahora cierto relieve, frente a los antiguos renacentistas, los cuales parecían dibujados sobre las superficies, pero menos relieve que en el barroco, cuando llegan casi a independizarse de las superficies. Y también es fácil identificar el estilo manierista en la figuración por las largas, muy estilizadas figuras que en este tiempo se pintan. 
En Italia encontramos el diseño sorpresivo, subversivo incluso en su sana búsqueda de humor: jardines de evocación fabulosa y surrealista (Villa d’Este, Parque de los Monstruos), interiores lúdicos (Sala de los Gigantes en el Palacio del Té), y una constante mofa sobre las convenciones funcionales y decorativas del clasicismo (almohadillados en el cortile del palacio Pitti). Todo ello es una emanación de libertad expresiva del primero y más contundente manierista: Miguel Ángel.  
Todas las técnicas artísticas se unen en la decoración más ostentosa y caprichosa del siglo XVI, la galería de Francisco I en el Palacio de Fontainebleau. Telamones con aspecto de sátiros que apenas se sostienen en pie sobre sus mínimos apoyos, expulsados por la pared, sostienen dramáticamente las vigas del techo.
En interiorismo se supera el trampantojo pictórico y a menudo se incrementa la decoración combinando materiales en busca de complejidad y ostentación: madera, yeso, pintura. Recordemos, no obstante, que el incremento de ornamentación no se realiza en menoscabo de la claridad compositiva. La obsesión del Renacimiento, todavía en su fase manierista, es el orden.
El mueble se adorna con motivos importados de la arquitectura: arcos, cornisas, pilastras, pero también con poderosas tallas de alto relieve, así como grutescos y cartuchos o cueros.
Excepciones. Inglaterra y España ofrecen ejemplos mucho más austeros. Felipe II no se hace construir un palacio sino un monasterio marcadamente espartano. Un siglo después, a la vista de Las meninas, por ejemplo, descubrimos que los Austrias españoles continúan albergados entre paredes blancas y suelos de losetas, equivalentes a los hogares de la burguesía flamenca.
NOTA: El término "maniera" procede del artista y escritor Giorgio Vasari (s. XVI), que lo acuñó sin pretenderlo cuando aseveró que sus colegas obraban "a la manera" de los genios del Renacimiento, conscientes de la imposibilidad de superarlos.

Suntuoso y elegante armario decorado con marquetería
Boulle, cima del mueble Luis XIV (Nueva York, Metropolitan).
Fase barroca   estilos barroco y rococó (Italia, 1625-1750). La fase barroca es la más difícil de sintetizar si tratamos de combinar Estados y estilos.
Para empezar, dependiendo de su decoración, se suele dividir en dos sub-fases:
Estilo barroco (1625-1700). El acanto en roleos de gran tamaño conquista las superficies parietales, las alfombras, los tapices, y se retuerce en los apoyos y chambranas del mueble Luis XIV. Los colores expresan una solemnidad pesada y dramática: gris, granate, dorado, negro y se expanden en grandes diseños geométricos que alternan con gruesos grutescos. El diseño tiende a la monumentalidad y se busca la persuasión teatral, la subyugación. Las figuras más destacadas del interiorismo son Borromini, Bernini, Cortona y Le Brun. El mueble inventa numerosas tipologías: mesa plana de despacho, mesa Mazarino, consola, sillón orejero. 
Colores y texturas de pastelería endulzan el suculento
rococó de Cuvilliés. Revestimientos en el Palacio
Augustusburg (Alemania), siglo XVIII. 
Estilo rococó (1700-1750). El acanto cede a la frágil rocalla de asimétricas volutas. Los grutescos se vuelven aéreos, delicados, perfilados sin glotonería, y los colores pastel triunfan. El diseño sugiere ternura, y los espacios, intimidad. El mueble Luis XV apuesta por el confort: nunca se habían diseñados tantos y tan acolchados muebles de asiento y tumbonas. Las patas curvas parecen amortiguar y recoger amorosamente al usuario. En interiorismo, el rococó es el arte de Cuvilliés y Neumann.
Excepciones. En España sólo la corte, que estrena la dinastía francesa de los Borbones, asume el rococó en sus palacios (Aranjuez, Oriente), pero no la Iglesia ni los gobiernos locales. La Iglesia española ha desarrollado su propio decorativismo de raigambre plateresca y manierista, mal llamado barroco, que además exporta a Latinoamérica. Por su parte, Inglaterra carece prácticamente de barroco.


Fase neoclásica estilos Luis XVI e imperio (Francia, 1750-1825). Sí, ya le oigo protestar. En efecto, desde el rigor filológico todas las fases anteriores también eran neoclásicas, pero solo a ésta le han otorgado el nombre.
También esta fase permite una subdivisión, sobre todo en lo tocante al mueble:
Complejas geometrías con adornos diminutos en los techos
inconfundibles de Robert Adam, su propia versión del
Luis XVI. Revestimientos procedentes de Londres, Landsdowne House,
exhibidos en el Museo Metropolitano de Nueva York..
Estilo Luis XVI (1750-1800). En esencia es el mueble Luis XV con los apoyos rectos. En esta fase, además, cobra prestigio el mueble inglés de caoba y amplia notoriedad su equipo de ebanistas: Chippendale, Sheraton, Hepplewhite. El clasicismo paladiano, equilibrado y blanco, salta de Inglaterra a Estados Unidos. La decoración, aún delicada por influencia del rococó, expulsa las asimetrías de la rocalla y regulariza los espacios con cuarterones y cenefas geométricas. En Inglaterra el Luis XVI inflama la imaginación de Robert Adam para crear memorables interiores palatinos.
Típica mesa de despacho Imperio, con adornos dorados que traen a la memoria
el arte egipcio y volúmenes geométricos de gran pureza.
Estilo Imperio (1800-1825) o fase napoleónica. Se imitan de forma literal muebles antiguos grecolatinos y se perfilan sillones  y consolas grandilocuentes sobre apoyos de cariátides. Percier y Fontaine son el dúo que elabora este estilo siguiendo las prescripciones de su ambicioso comitente.