21. El Romanticismo: estilo neobarroco



Foyer principal del Teatro de la Ópera de París, Palacio Garnier.
Retórica monumental y grandilocuente, netamente imperial, 
para agasajar al público de la ópera.
Entre 1830 y 1890 una disciplina artística se eleva sobre todas las demás: la ópera. No habrá ciudad de mediano tamaño que no habilite un teatro para el espectáculo que suma de todas las artes, ni capital que no estrene su propio coliseo (Real de Madrid, Liceu de Barcelona, Ópera de París). Pero ¿qué daban en la ópera? Sobre todo, melodramas amorosos de ambientación medieval. Donizetti escribe cuatro óperas que se insertan en la Inglaterra Tudor, la del último gótico; Verdi pone en música la hagiografía de Juana de Arco y las cruzadas; todo Wagner transcurre entre el Románico y el Gótico. No es de extrañar, entonces, que para muchas personas el Romanticismo en cultura material sea principalmente una fase de restauración medievalista.
Salón carmesí en el palacio de Alejandra, cerca de San Petersburgo, pintado por Luigi Premazzi hacia1850. El mensaje de confort, cálido y lujoso, se delega en los cortinajes y la tapicería de los muebles de asiento, éstos reelaboraciones del Luis XV y el Luis XVI.

















De los estilos neomedievales nos ocupamos en el siguiente capítulo. El Romanticismo combina la dualidad clasicismo-medievalismo sin despeinarse. Ahora pasamos revista al Romanticismo clásico, en esencia, un neobarroco y, en el mueble, un neorococó. 


Mansión Morse-Libby en Portland (Maine). 
El salón incluye 
todos los elementos del romántico: 
cortinajes, lámparas de pantalla esférica,
 tapizado capitoné, etc.
1. DECORACIÓN
Hacía más de cien años que no veíamos columnas en interiorismo. El Romanticismo, con su afán de monumentalidad, reintegra columnas y pilastras en sus grandes composiciones como vestíbulos y salones institucionales; a veces, incluso en pequeñas salitas íntimas como la que ilustramos del Palacio Chigi. Sin embargo, el mensaje principal de la decoración romántica no es tanto la solemnidad como la calidez, el confort, el espacio acogedor, al que contribuye poderosamente el vasto despliegue textil. Por último, como elementos muy característicos que facilitan el reconocimiento del estilo, hemos de señalar las primeras lámparas de gas, casi siempre con tulipas esféricas. 
Dormitorio de Isabel II en el Palacio de Aranjuez. 

Casino de Madrid, inaugurado en 1910, con interiorismo de José López Salaberri inspirado en la escalera de la Ópera de París. Imagen de la película Holmes y Watson, Madrid days
Saloncito isabelino en el Senado, Madrid. 








2. MUEBLE
El historicismo favorito es el rococó, muchas veces libremente combinado con soportes rectos todavía neoclásicos. Los especialistas del mueble lamentan la falta de armonía en las proporciones del mueble romántico, casi siempre provisto de respaldos demasiado grandes para los apoyos.  A
Curioso sillón doble de John H. Belter, USA, MET Museum.
Sofá de John H. Belter, USA, MET Museum. 



Sillones alfonsinos. 


3. ROMÁNTICO FOREVER
Es improbable que los hoteles románticos, tan abundantes en la geografía urbana del primer mundo, conserven la decoración original. Para adaptarse al gusto de la clientela actual, los interiores se han aligerado de color, demasiado estridente en el Romanticismo.
Vestíbulo del Hotel de Palacio (du Palais) en Biarritz. Distinguimos el estilo romántico en la presencia de columnas, otra vez pareadas y seguramente recuerdo del Palacio Garnier, así como en las butacas que combinan respaldo rococó y apoyos neoclásicos, pero no en el color, adaptado al gusto del día.
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