3. Cristiandad: Antigüedad y Alta Edad Media



Conservamos vestigios eclesiásticos, pero nunca civiles. Los romanos contemplaron la erección de imponentes basílicas en los siglos IV y V, cuatro de ellas todavía jubilares: San Pedro en el Vaticano, San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros. Las dos primeras sufrieron modificaciones tan profundas a partir del Renacimiento que resulta imposible reconocer nada paleocristiano en ellas; las dos últimas, por el contrario, gracias a sensibles restauraciones, todavía pueden deslumbrar al turista con el colorido de sus abundantes mosaicos. A partir del siglo V, sin embargo, la verdadera historia de Roma no se escribe en Occidente sino en Constantinopla, ciudad crecida junto al viejo puerto de Bizancio...


ANTIGÜEDAD (siglos III a V) A
1. Origen de la basílica romana    Los primeros cristianos se reunían en casas acondicionadas para desempeñar fuciones rituales. Es todo un milagro que conservemos una de ellas en Dura Europos (Siria), del siglo III.
  Cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del Imperio Romano (siglo IV) surgió la necesidad de proveer al culto con templos específicos  y éstos adoptaron la planta de las basílicas, es decir, de aquellos edificios de planta longitudinal y número impar de naves donde los romanos dirimían sus asuntos judiciales. Parece que fue precisamente ese uso judicial lo que animó a adoptar este tipo de planta, pues, al fin y al cabo, en los templos cristianos se habla mucho de Justicia. Este modelo espacial quedará fijado en San Pedro del Vaticano y servirá modelo para la mayoría de las iglesias medievales, con leves variaciones en tiempos románicos y góticos.
En las imágenes adjuntamos la reconstrucción del interior de la Basílica Ulpia, unos "juzgados" de la antigua Roma, y, junto a ella, el interior de la restauradísima basílica paleocristiana San Paolo Fuori le Mura (San Pablo Extramuros, Roma). Nótense las equivalencias interioristas y decorativas: nave longitudinal, columnas bajo dinteles, techo plano decorado con casetones.
También acompañamos un alzado de San Pedro tal como fue antes de convertirse en el gran templo renacentista y barroco que todos conocemos. Precedía a la iglesia un peristilo, origen de los futuros claustros, y desarrollaba cinco naves, cuatro laterales relativamente estrechas y una central amplia, elevada y horarada por ventanas. El presbiterio se abría en cruz y el ábside consistía en un breve semicírculo con un banco o poyete de construcción igualmente semicircular y adosado a éste. Adjunto al templo, iniciando una tradición secular italiana, se construyó con planta circular un baptisterio; en otros países el baptisterio se integrará dentro del espacio eclesial.  
Casa eclesial de Dura Europos.
Basílicas     
Alzado de la antigua Basílca Ulpia en Roma.
San Pablo Extramuros, Roma.









Modelo de la antigua basílica 
de San Pedro en el Vaticano, siglo IV.
 












2. Martirios     Para conmemorar a un mártir, un santo, una personalidad o cualquier vestigio de relevancia para la historia del cristianismo, se recurrió a la planta central de nave anular en torno al sarcófago o la reliquia expuesta. Es costumbre referirse a estas construcciones con la voz griega martirium-a, en castellano, "martirio", pero solemos echar mano de la expresión más común de "mausoleo" aludiendo a su función. Ilustramos el mausoleo de Santa Costanza, madre del emperador Constantino.  
Mausoleo de Santa Costanza, s. IV.





ALTA EDAD MEDIA (siglos V a X) A
3. Occidente prerrománico    A partir del siglo V la desorganización y el desmoronamiento del poder romano fueron aprovechados por los bárbaros del norte, cuyas sucesivas incursiones en tierras mediterráneas ocasionaron la casi completa aniquilación de todo rastro de civilización urbana. Europa experimenta un proceso de ruralización. Las pocas ciudades que resistieron se empobrecieron y sufrieron una drástica pérdida demográfica (Roma pasa de 1,5 millones de habitantes del Imperio a solo 50.000). La gente huía al campo y se ponía en manos de guerreros que la protegiera: surge el feudalismo, el poder fragmentado por los señores de la guerra.
Europa es tan pobre que no puede desarrollar un arte comparable al bizantino o al islámico. Con leves diferencias, los estilos locales derivan de la arquitectura romana y los vestigios de sus antiguas culturas. Los estilos prerrománicos (visigótico y asturiano en España, carolingio en Francia, etc.), como sus nombres confiesan, no son sino derivaciones humildes del estilo romano.  
Capilla de Aquisgrán     Como ilustración hemos elegido la Capilla de Carlomagno en Aquisgrán, otrora adjunta al palacio del emperador y hoy a la catedral gótica. Posiblemente diseñada por Eudes de Metz en 805, constituye el ejemplo mejor conservado de espacio central y anular altomedieval. En ella se guardaba un trozo de la capa de San Martín, una capella, de donde el nombre de los oratorios de pequeño formato.   


Capilla de Carlomagno, s. IX.
4. Bizancio     Los testimonios arquitectónicos del que fuera un imperio esplendoroso en la Alta Edad Media se cuentan con los dedos de una mano, pues han transcurrido más de quinientos años desde que la antigua metrópoli bizantina, Constantinopla, conquistada por los turcos, se convirtiera en Estambul. ¡Si al menos conserváramos el palacio de Blachernai! Pero nos queda Santa Sofía, el templo más importante de la cristiandad durante mil años, y se conserva gracias a la que los turcos la admiraron tanto como nosotros y la convirtieron en mezquita. 
Santa Sofía     Bizancio conoció su Edad de Oro en el siglo VI bajo el gobierno Justiniano, su esposa Teodora y el conquistador Belisario. Justiniano mandó construir a Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto el templo más espectacular de todos los tiempos: Hagia Sophia, es decir, Santa Sabiduría o Santa Sofía. Estos inmensos creadores desarrollaron una idea interiorista audaz y casi utópica: fusionar la planta longitudinal-basilical y la planta central (fundir lo cúbico y lo esférico, la Tierra y el Cielo) en la generación de un espacio grandioso y resplandeciente de mosaicos dorados. Simbólicamente, la cúpula parece flotar sobre un halo luminoso gracias a su base perforada por 40 ventanas. Bizancio nunca volvería a construir nada igual, pues nunca llegaría a ser tan rica como entonces.

Hagia Sophia o Santa Sofía.
 
Capitel de Santa Sofía.


Sección de Santa Sofía.